LA GRANJA DE DON EUSTAQUIO
La granja de don Eustaquio. Un cuento del abuelo Pepe para
Olmo y Julia.
Esta era una granja enclavada en el fondo del bosque y su
dueño era don Eustaquio, un hombre muy tranquilo que le gustaba atender a sus
animales, llenar sus cuencos de agua y comida en abundancia para que se criaran
alegres y felices.
En la granja de don Eustaquio había toda clase de animales,
caballos, ovejas, vacas, gallinas, conejos… muchos animales por eso era una
granja muy especial, los caballos, en cuanto terminaban de comer, galopaban por
los prados, las vacas pastaban la hierba, las ovejas balaban al atardecer, las
gallinas cacareaban al amanecer, aquel era un lugar muy ruidoso.
Don Eustaquio estaba convencido de que todos los animales se
habían puesto de acuerdo como una orquesta para que no pudiese echarse la
siesta ningún día, en cuando salía el sol, todos los animales se levantaban a
la vez y comenzaba la sinfonía.
Las gallinas, salían disparadas de su gallinero, revoloteando
y cacareando por todo el corral, se subían a los techos de la casa, picoteaban
las flores del jardín y dejaban su huella por todas partes. Por más que don
Eustaquio intentara poner orden, las gallinas eran incontrolables.
En otro rincón de la granja, las ovejas, saltaban las vallas
y correteaban por los campos como si estuvieran en una carrera sin fin, comían
las plantas de los vecinos y provocaban enfado de los granjeros contra don
Eustaquio, que no sabía cómo controlarlos
En medio de los prados, los caballos, liderados por Estrella, una hermosa yegua muy traviesa se
escapaban de los establos y galopaban por todos los prados de la granja., se
zambullían en las charcas de los patos y lo salpicaban todo a su paso. Don
Eustaquio corría tras ellos, pero siempre llegaba tarde para evitar el
desastre.
Los patos, al mando de Godofredo, no se quedaban atrás. En
lugar de nadar en el estanque, se paseaban por la casa de don Eustaquio, dejando
un rastro de plumas mojadas y ensuciando todo a su paso. Don Eustaquio
intentaba echarlos fuera de la casa, pero los patos eran más astutos de lo que
parecían.
Poco a poco, don Eustaquio se fue adaptando a las travesuras
de los animales y como vivía solo, se acostumbró a aquel caos y a las
travesuras que continuamente le sorprendían, si que era un problema aguantar
las quejas de los dueños de las granjas vecinas pero, con el tiempo, hasta a
ellos les terminó haciendo gracia que ocurriesen esas cosas en la granja de don
Eustaquio y hubo alguno que lo envidiaba porque sus vacas eran muy sosas, los
caballos no relinchaban alegres, los gatos no se subían a las lámparas ni se
paseaban los patos por sus salones como en la granja de don Eustaquio, donde, llegó
un momento en el que don Eustaquio, al despertarse cada mañana se sonreía
pensando en cual serían las nuevas aventuras de sus animales y le importaba
cada vez menos las quejas de los vecinos. Se sorprendió un día pensando que no
cambiaría su granja ni sus animales por nada del mundo, en aquel batiburrillo
de ruidos y fiesta se sentía muy feliz.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
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